martes, 30 de enero de 2018

Secuestro número infinito

Ya perdí la cuenta cuantas veces soñé lo mismo, pero en distintos escenarios. Siempre fui yo la víctima. A veces era en la calle, a veces en una fabela, o hasta un supermercado.

Pero esta vez fueron mis amigas.

Era un boceto de la casa donde vivía a mis 8 años. Recuerdo el portón particular, que se deslizaba hacia los costados en forma de J para abrirse. Ese chirrido particular que avisaba a todo el barrio que estabas entrando a tu casa.

Eramos aproximadamente 8 amigas de la facultad, cuidando la casa que al parecer pertenecía a una de ellas y no a mi. Estabamos solas, cuidandola, sus padres no estaban. Bajamos al sótano (si, sótano en casas Argentinas, bastante normal todo) porque escuchabamos ciertos ruidos. Sabíamos que no estabamos solas. Bajamos a ver que nos encontrábamos. No encuentro palabras para describir lo que imaginé, pero se asemejaba a un hombre lobo, una cosa alta, oscura, que hacia ruídos, ruídos feos, y nos queria muertas.
No tuvimos mejor idea que cerrar la puerta con una silla, porque evidentemente, esta silla era más poderosa que el gigantosaurio que estaba del otro lado queriendonos matar.
Por otro motivo, con la dueña de la casa no tuvimos mejor idea que ir al portón, al garage, no sé realmente para que. Supongo que para cerrar las puertas y ventanas. (Sí, encerrarnos con el monstruo adentro, ahora que lo pienso creo que hubiese sido mejor salir corriendo fuera de la casa, y ahí cerrarla). En fin, un auto se escucha llegar. Sabiamos que no eran sus padres. Lo presentíamos.

Vi como un hombre alto, de traje, y pelado, ingresa a la casa. Mi amiga, petrificada se lo quedó mirando. Yo, superhéroe, salí corriendo hacia la cocina. El resto de las chicas, estaban muy relajadas COCINANDO HAMBURGUESAS (desconozco el motivo) por lo que decidí que lo mejor era salir corriendo por la puerta que el hombre habia usado para entrar, y casualmente la había dejado sin cerrar.

Mi idea principal era salir corriendo y gritando por ayuda. Pero no pasó nada de eso.

Siempre, SIEMPRE, en mis sueños cada vez que tengo que escapar de un lugar, salgo corriendo para la IZQUIERDA. Esta vez, giré en ese sentido y comencé a notar que la velocidad descendia, que un auto se ponía en marcha y comenzaba a seguirme. No podía correr, no podía gritar.

No podía hacer nada, era desesperante. Una de mis ideas fue meterme en un jardín de cualquier casa, y esconderme allí, pero no podía, las rejas eran muy altas y yo no sé trepar. Seguí luchando por correr, por mover mis piernas una por una, hasta que finalmente siento como me tropiezo.

Cuando estoy a punto de romperme la cara contra el asfalto, contra la oscuridad de la noche de ese barrio, me despierto.


Mis amigas quedaron en la casa con el pelado y el hombre lobo, seguro después se armaron tremenda joda.

Fin

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